Mi historia

Nací en la ciudad de Mayagüez, Puerto Rico, el 2 de noviembre de 1975. Vengo de una familia unida, siendo uno de cuatro hermanos —tres varones y una hembra— que han marcado mi camino a lo largo de los años.
Desde muy joven, siempre fui una persona más bien solitaria. Tenía conocidos, pero mis adentros y mis reflexiones se quedaban guardados para mí. De adolescente, ante las situaciones propias de la edad y de la vida adulta que vino después, encontré en la escritura mi refugio natural. Escribía en la intimidad de un diario personal como una forma de desahogo; unas líneas que jamás pensé que leería alguien más.
Años más tarde, con la llegada de las redes sociales, comencé a compartir esos escritos en mi perfil personal de Facebook. Con el tiempo, noté algo maravilloso: las personas se identificaban con mis palabras. Y es que la vida es cíclica; de una manera u otra, todos atravesamos por caminos muy parecidos. Al ver que lo que escribía resonaba en otros y les ofrecía compañía o consuelo, encontré una motivación genuina para seguir plasmando vivencias y reflexiones.
En ese proceso, personas cercanas me sugirieron en distintas ocasiones que diera el paso de crear un espacio propio para compartir estas reflexiones con el mundo. Sin embargo, en ese momento no lo hice.
El verdadero punto de inflexión ocurrió un día cualquiera en un supermercado. Una persona se me acercó y, ante mi desconcierto, me dijo: «Tú no me conoces, pero yo a ti sí». Me contó que una amiga le había compartido uno de mis escritos en un momento en el que su vida estaba completamente rota, al punto de haber considerado tomar una decisión fatal. Ese mensaje le devolvió la esperanza y cambió su rumbo por completo.
Cuando compartí esa anécdota con aquellas personas cercanas, me recordaron las palabras que me habían dicho antes: «¿Viste? Tienes que hacerlo, porque lo que escribes puede ayudar a salvar o transformar la vida de los demás».
Fue ahí, en medio de esa revelación, cuando finalmente comprendí cuál era el propósito por el cual estoy en esta vida. Todo ser humano llega con una misión, y la mía se convirtió en tender puentes a través de las emociones. Así nació Diario de Emociones: un espacio donde la vulnerabilidad se transforma en compañía, y donde cada palabra busca recordarte que nunca estás sola ni solo en lo que te toca vivir.