Querido Diario: 24 de septiembre, 2026

Hoy el silencio de la tarde me sacudió con esos recuerdos que uno guarda en el rincón más hondo. Me quedé pensando en lo que pudo ser y nunca fue, y mi mente no solo recreó escenarios; revivió la ilusión intacta, esa sensación de haberme quedado al borde de algo hermoso. Uno construye mil finales felices en la cabeza, imaginando cómo habría latido la vida si tan solo una pieza se hubiera acomodado distinto.

Pero la crudeza llega cuando despiertas de ese sueño mental y te das cuenta de que el pecho se encoge. Lo único tangible es este vacío lleno de preguntas mudas, chocando contra el mismo muro de siempre: el porqué exacto de que nunca se nos permitiera vivirlo.

Duele pensar en el potencial de lo que se quedó en el aire, en el cariño o en la historia que se quedó sin escribir. Supongo que hay capítulos que nos toca aceptar no porque queramos, sino porque el destino decidió cerrarlos antes de tiempo, dejándonos con el alma un poco más pensativa.

«Con el alma, José»

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