Pierde el miedo o perderás la oportunidad.

La vida rara vez premia al que espera el momento perfecto, porque ese momento no existe. El miedo siempre va a estar ahí, susurrándote excusas, invitándote a retroceder para mantenerte a salvo en lo conocido. Pero elegir la seguridad de no arriesgarse es, paradójicamente, la forma más segura de perder.

O te atreves a dar el paso a pesar del vértigo, o dejas que la duda te robe el futuro. Al final, duele mucho más el remordimiento de lo que pudo haber sido que el esfuerzo de haberlo intentado.

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