La confusión de otro nunca debe ser la medida de tu valor.

Cuando alguien no tiene claro su propio rumbo, es fácil que intente medirte con su propia brújula rota. Sus dudas, sus idas y venidas y su incapacidad para decidir no son el reflejo de tu valor, sino de su propio caos interno. Nunca permitas que la indecisión de otros se convierta en la medida de lo que mereces; quien no sabe lo que quiere, rara vez sabrá lo que tiene enfrente. Tu valor es constante, incluso cuando el mundo a tu alrededor tambalea.

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