
El pasado es un territorio inalterable: los segundos, meses o años que sientes haber gastado en dudas, miedo o caminos equivocados ya no se pueden recuperar. Sin embargo, aferrarse a la culpa por el tiempo perdido es, paradójicamente, la única forma real de seguir perdiéndolo.
Tu historia no se define por las páginas que ya escribiste, sino por la pluma que sostienes hoy. Cada amanecer te otorga un cheque en blanco de veinticuatro horas; decidir tomar el control de tu presente es el acto más valiente de amor propio que puedes ejercer.
No puedes cambiar el principio de tu historia, pero hoy tienes la oportunidad intacta de reescribir su final. Salvar el resto de tu vida empieza exactamente en este instante.