Las cicatrices no son el final de la historia, sino las costuras que nos enseñan a latir de nuevo.

Vamos por los caminos de la vida cargando con piezas rotas, creyendo que el desgaste y los dobleces son el final de la historia. Nos empeñamos en buscar la perfección, ignorando que las cicatrices y las costuras visibles son, en realidad, las que le dan la verdadera forma a nuestra esencia.

Como esa máquina antigua que une con hilo firme un corazón de papel arrugado, cada paso que damos es un acto paciente de reconstrucción. No se trata de borrar los dobleces ni de fingir que las heridas no dolieron, sino de tener el valor de volver a juntar los pedazos, darles puntadas de paciencia y seguir adelante con la certeza de que incluso lo que estuvo roto puede latir con fuerza otra vez.

Diario de Emociones 💜

Deja un comentario